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jueves, 17 de mayo de 2012

La lectura, encuentros cercanos del tercer libro


La lectura como actividad docente se encuentra dentro del debate de conceptualización pedagógica, ya que a la lectura se le puede observar desde el paradigma de decodificar símbolos escritos y asociarlos a una sonorización, o bien desde una percepción de lenguaje total.
Sin embargo es necesario establecer una definición de la lectura como actividad escolar, un ejemplo de este concepto lo encontramos en el Diccionario Ciencias de la Educación de Santillana que refiere: “La l. como correspondencia sonora del signo escrito, o desciframiento sonoro del signo escrito”[1]
Pero si vamos más allá de la decodificación, es necesario voltear nuestra mirada hacia Smith que nos ofrece de manera resumida la significación que se establece en la actividad lectora donde la lectura deja de ser una simple decodificación, ahora es algo que le da sentido al lector.[2]
Así que a partir de estas conceptualizaciones se abre un debate que históricamente ha trascendido a la historia misma de la humanidad.
En los Estados Unidos surgen diversas teorías que pretenden dar respuesta a la práctica escolar, en un principio ofrecen una oposición en su forma de tratar a la lectura, pero la lectura no es una actividad privativa de un lugar o tiempo histórico, al contrario desde la antigüedad diversas culturas se han interesado por la lectura.
Con el paso del tiempo se ha logrado acompañar a la lectura con el interés, pero también fue necesario identificarlo como proceso, conocer cómo sucede, cómo trabaja nuestra persona en torno a la lectura.
1.      El interés por la lectura en la historia.
La lectura como actividad ha sido tratada con diferentes enfoques de acuerdo a las necesidades y características culturales de cada región y los tiempos en los que se desenvuelve, en algunas culturas la lectura fue una forma de transmitir el conocimiento, en otras como una manera de solaz esparcimiento.
a. La lectura en la antigua Grecia.
La importancia de la cultura helénica en el mundo occidental se debe a la influencia que sobre las ciencias y el arte tuvieron sobre los territorios iluminados con su saber, mencionar a Grecia es evocar en nuestra mente imágenes del Partenón, teatros y filósofos entre otras cosas, lo que nos da una idea del nivel cultural alcanzado por este pueblo.
El tratamiento que se le da a la lectura en esas regiones dominadas por los griegos nos muestra que era de un dominio popular, que las masas tenían acceso a ella, ya sea por medio de lectores u oradores.
Era una práctica que se puede deducir de sus mismas obras, en el Hipólito de Eurípides se menciona claramente que Teseo lee una tablilla y que el coro le pide que se los diga, entonces Teseo hace un resumen de la misma, no la lee en voz alta, sino que la lee en silencio, el texto data de 428 a. C.
En “Los caballeros de Aristóteles” también se deduce que la lectura en silencio era una práctica que se llevaba a cabo en esa cultura, el fragmento es de 424 a. C., en donde Demóstenes le pregunta a Nicias lo que decía el oráculo, mientras que Nicias seguía absorto en la lectura.[3]
En ambos casos se lee en silencio y se ofrece un resumen de lo leído, son dos referencias atenienses, por lo que cabe suponer que era una práctica de un público culto, la lectura silenciosa no era algo común.
La lectura en silencio le ofrece al sujeto la interiorización de la voz, no solo el desciframiento de los símbolos escritos, sino que también le da la oportunidad de reconstruirlo interiormente, con la amalgama de sonidos necesarios para su comprensión.
b. Roma, la expansión de la cultura ordenada y sistematizada.
Desde sus inicios esta cultura se distingue por la disciplina mostrada en todos sus niveles, la cultura griega es adoptada por los romanos.
La forma de escribir en esos tiempos era en rollos de papiro, los primeros libros son rollos que se extendían de izquierda a derecha, el lector lo sostenía con mano izquierda al mismo tiempo que lo abría con la derecha y pasaba su vista por las columnas en que se dividía el libro: “En el caso de los rollos ilustrados, los ojos del lector podían «leer» una secuencia de imágenes casi simultáneamente, completando con la mente las distancias temporales o espaciales entre las escenas representadas.”[4]
El hecho de hacer que la mente represente las escenas  hace que se genere una actividad mental, no solamente se decodifica una simbología escrita, tampoco es suficiente la sonorización o la interiorización de los sonidos, ahora se añade un valor agregado que es la creación de imágenes mentales para completar una secuencia ilustrada.
El aprendizaje de la lectura estaba asociado con la escritura, se aprendía a trazar al mismo tiempo que el conocimiento de las letras, después las sílabas y luego las palabras completas hasta alcanzar cierta rapidez en la lectura sin cometer errores.
En esta fase se hace un desdoblamiento de la atención, ya que mientras se pronunciaba lo ya leído visualmente, la vista leía lo siguiente. La lectura se utilizaba frecuentemente en voz alta, solo con auditorio, en este caso la lectura tenía ciertos matices como ser expresiva,  con tonos modulados y cadencia de voz.
En las escuelas de retórica se seguía la lectura del maestro, o se turnaban para leer en voz alta, para de esta manera leían con profundidad a los autores, sin detenerse solamente en lo escrito, sino llegar a lo más recóndito del texto.
c. La Edad Media.
Aporta un cambio en la práctica de la lectura, la cual aparte de descifrar e interpretar, sino que da paso a la emendatio, mediante la cual puede corregir textos.
La alta Edad Media heredó de la Antigüedad una tradición de lectura que abarcaba las cuatro funciones de los estudios gramaticales (grammaticae officia): lectio, emendatio, enarratio y iudicium. La lectio era el proceso por el cual el lector tenía que descifrar el texto (discretio) identificando sus elementos –letras, sílabas, palabras y oraciones– para poder leerlo en voz alta (pronuntiatio) de acuerdo con la acentuación que exigía el sentido. La emendatio –un proceso que surge como consecuencia de la transmisión de manuscritos– requería que el lector (o su maestro) corrigiera el texto sobre la copia, por lo que a veces sentía la tentación de «mejorarlo». La enarratio consistía en identificar (o comentar) las características del vocabulario, la forma retórica y literaria, y, sobre todo, en interpretar el contenido del texto (explanatio). El iudicium era el proceso consistente en valorar las cualidades estéticas o las virtudes morales o filosóficas del texto (bene dictorum conprobatio).[5]
Se puede observar un conjunto de actividades que facilitan el proceso lector, pero no se destaca un despertar el gusto por la lectura.
El trabajo de escritores y maestros está más asociada al cristianismo, por lo que la educación religiosa y literaria dan la impresión de estar estrechamente ligadas. La salvación del alma, el camino para acercarse a Dios e interpretaciones parecidas le dan a la lectura un nuevo matiz, ahora existe un interés debido al exhorto cristiano de la salvación.
La lectura deja de ser una acción sonora, con la lectura en silencio se potenciaba la comprensión del texto. La lectura oral se sigue practicando durante la liturgia. Existiendo las reglamentaciones dadas por San Isidoro en el siglo VII que hacen alusión al trabajo del Lector, en ellas se especifica la forma en que se debe leer y los conocimientos que debe tener el Lector para que se pueda dar la lectura, se recomienda que debe tener conocimiento del texto, para que sepa donde se encuentran los límites gramaticales, donde prosigue la lectura y donde concluye la oración, de tal forma que tenga un dominio de la expresión oral, dando lugar a una comprensión con la mente y con el sentimiento, hacer de la lectura una forma de expresar estados de ánimo, tanto para el que escucha como para el que lee.
d. La lectura en la Nueva España.
En los albores de la época colonial se concibe a la lectura como un vínculo con la tarea evangelizadora de los españoles, quienes a través de sus instituciones establecen qué se debe leer, siendo las autoridades eclesiásticas y virreinales quienes junto con la inquisición las encargadas de llevar a cabo esta misión.
La lectura se utiliza como forma de comunicación entre dos culturas, se traducen a lenguas indígenas contenidos bíblicos, además de utilizar imágenes, carteles, danzas, escenificaciones y canciones para su interpretación.
No existe un vínculo entre leer y escribir, pudiendo haber quienes solamente supieran leer, sin saber escribir.
El lector se divide en dos tendencias, el peninsular y criollo tenía acceso a teología, jurisprudencia, poesía, novelas de caballería o picaresca, esto con todas las limitaciones que ofrecía la censura y restricción del gobierno y de la iglesia, en cambio para el indígena la lectura era el vínculo con la doctrina católica.
En 1569 Fray Pedro de Gante publica la “Cartilla para enseñar a leer”, que junto con los silabarios y otras cartillas era a lo que se tenía acceso para la lectura, este documento se convierte así en el primer libro de texto impreso en la Colonia, además de ser el primer libro pedagógico dedicado a la escritura y la lectura, ya que utiliza el famoso silabario para su aprendizaje.
Entre los siglos XVII  y principios del XIX la lectura tiene un valor agregado, ahora se requiere enseñar a los niños novohispanos además de la doctrina y cuestiones religiosas los deberes hacia la corona española.
En esta época se distinguen los maestros de leer, de escribir y de aritmética, con conocimientos pedagógicos, la enseñanza sigue siendo clasista, con marcada discriminación sexual, los hombres de clases sociales acomodadas son los que tienen acceso a la educación.
En los avances pedagógicos para la enseñanza de la lectura se observa que se procura enseñar a leer antes que la escritura y la aritmética. La cartilla y el deletreo combinan la lectura individual con la formación de sílabas.
Se abre el debate pedagógico acerca de la didáctica, se introducen juegos y el uso de material didáctico, así como la enseñanza en grupo. Se populariza el uso de pizarrones y la repetición en coro de los alumnos.
A partir del siglo XVII se publican periódicos y folletos, de esta manera se ofrece al lector una gama más amplia de textos que ya no están reducidos a lo eclesiástico.
En 1780 se publica el silabario de Antonio Cortés que contiene letras y sílabas, lo interesante de este documento es la ausencia de temas religiosos, se observa también que los libros literarios, científicos y filosóficos de España tienen mayor circulación en el nuevo continente, sin embargo la Iglesia sigue obstaculizando la propagación de las ideas de la Ilustración y de la Reforma, como la mayoría de estos textos son impresos en el viejo continente resultan vedados por cuestiones económicas para los pobres.
En las escuelas se toma a la enseñanza de la lectura como el primer paso para aprender a escribir, así como para la gramática, la aritmética y la moral, la doctrina religiosa sigue siendo un eje rector. Para su enseñanza se promueve el arte de enseñar a leer y escribir, dando lugar a la formación de maestros de leer y escribir, formando estos un Gremio.
En el siglo XVIII el Gremio de Maestros del Nobilísimo Arte de Leer y Escribir dan a conocer algunas sugerencias pedagógicas a sus agremiados para tal fin, con este gran salto que da la enseñanza es posible rescatar que el lector colonial tiene a su disposición desde la formación, por maestros y no por frailes, acceso a textos que ya no son todos de origen religioso, también hay de valores cívicos, que cuestionan, proponen, ejemplifican.
Estas actividades le dan a la lectura una significación distinta, la lectura ya no es un medio para la salvación del alma, es también un medio para dar a conocer las ideas de distintos lugares, con formaciones diferentes, pero que finalmente hacen que los lectores muestren un interés distinto por conocer.
e. La lectura en el México independiente.
El siglo XIX entra con ímpetu y con su fuerza demoledora derrumba las instituciones formadas a través de los siglos en la nueva nación que se gestaba en lo que era la Nueva España.
La vorágine creadora de ideas liberales contrasta con las raíces de las costumbres arraigadas, se enfrentan entre sí y en ocasiones parecen caminar juntas para lograr sus propósitos.
La Independencia de México coloca una nueva luminaria en la geografía mundial, le brinda la oportunidad a la sociedad de crear su propia cultura, es en estas posturas, liberal y conservadora, que la educación pública emerge en 1833, con propuestas nuevas, que sientan las bases de una educación nacionalista, pero hasta 1867 con las Leyes de Reforma que se le da el carácter de laica, gratuita y obligatoria.
Gabino Barreda y otros positivistas influyeron en la formación del nuevo ciudadano, capaz de discernir, criticar y proponer, se enmarca en los tres principios Libertad, Orden y Progreso, que pretendieron los gobiernos de Juárez y Díaz, sobresaliendo éste último, con un lema de Orden y Progreso.
Este nuevo escenario requería cambios en el tratamiento de la lectura, por lo que catecismos y cartillas fueron cambiados a finales del siglo XIX, por nuevos libros que incluyeron entre otros elementos imágenes, cuadros, mapas, resúmenes, pero tal vez lo más importante es el avanzar pedagógicamente en la enseñanza de la lectura, ya que se hace simultáneamente con la escritura.
El método de lecto-escritura fue introducido en México en 1883, lo cual significa que había transcurrido más de medio siglo desde la implantación del sistema lancasteriano con su moderno método de enseñanza mutua, el cual permitió reducir el tiempo de aprendizaje a la tercera parte.[6]
En el régimen de Porfirio Díaz se establece el “Libro de lectura 1” en su programa de estudios, en él se hace de la lectura un acercamiento que gustaba al niño, abriendo la posibilidad de que el niño comprendiera lo que leía.[7]
f. El México moderno y la lectura.
En el siglo XX trae a la lectura en un programa socialista, en el Estado de México se publican dos libros, uno para el medio urbano y otro para el rural, la intención es enseñar a leer, se destaca también que las lecturas son iguales para ambos sexos.
Surgen proyectos que intentan potenciar la lectura desde diferentes trincheras, tal es el caso del programa de bibliotecas rurales, en donde la Secretaría de Educación Pública pretende formar lectores no importando el medio en el que vivan.
Entre 1922 y 1935 se publica mensualmente “El libro y el pueblo” por parte de la SEP, con referencias acerca de las nuevas publicaciones y libros de autores clásicos, olvidándose de los nuevos lectores.
Las políticas educativas del México moderno responden a los intereses por los que atraviesa el país en el momento de su implementación.
A partir de la segunda mitad del siglo XX la lectura es promovida desde diferentes enfoques, cada uno pretendiendo dar respuesta a las necesidades que lo producen.
La lectura es vista como parte del proceso de aprendizaje, de la lengua hablada y escrita, por lo que reviste especial importancia la didáctica empleada para su enseñanza.
En la actualidad a México se le puede señalar como un país donde no se acostumbra a leer, el sistema educativo mexicano es tan grande que la población que atiende representa más de la totalidad de la población de los países latinoamericanos, exceptuando a Brasil y Argentina.
Con cerca de doscientos mil profesores en educación superior y treinta un millones en el sistema educativo, México debería tener en la lectura una industria pujante y floreciente, sin embargo no es así, ya que los profesores y los estudiantes del nivel superior, por ejemplo, solamente leen los libros de texto, es decir no son lectores autónomos.
Usualmente, desde que se culmina la primaria, la mayoría de los niños no tienen libros ni revistas en su casa. Ni existen condiciones de acceso a bibliotecas donde consultarlos. La mayoría de los mexicanos no están acostumbrados a ver leer a sus padres y, a menudo, en muchos de los hogares, en el mejor de casos, ocasionalmente solo se lee el periódico.[8]
En este sentido cabe aclarar que muchos estudiantes alcanzan a descifrar códigos escritos, repetir oraciones, memorizar, pero sin llegar a la comprensión.


[1] Diccionario Ciencias de la Educación. Ed. Santillana. p 847
[2] SMITH, Frank. Comprensión de la lectura. p 20
[3] www.alromer.netfirms.com/ayudas/Historiadelalectura.doc
[4] Ibidem
[5] Ibidem.
[6] Galván Lafarga, Luz Elena. Libros escolares mexicanos, siglos XVIII, XIX y XX. http://hum.unne.edu.ar/investigacion/educa/alfa/CIESAS.pdf
[7] Ibidem.
[8] Lasso Tiscareno, Rigoberto. Importancia de la lectura. http://bivir.uacj.mx/LibrosElectronicosLibres/UACJ/Importancia_de_la_lectura.pdf

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